Las cosquillas: terapia antiestrés

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Casi todas las personas sienten cosquillas en alguna parte de su cuerpo y aunque el diccionario de la Real Academia Española las define como una sensación desagradable que suele provocar risas involuntarias, son ilimitados sus beneficios como terapia antiestrés y vínculo afectivo.

También refuerza los sentidos, la sociabilidad y la capacidad de expresión; ayuda a ejercitar los músculos, mejora el sistema inmunológico, vigoriza el corazón e incluso -en algunos casos- estimula el deseo sexual.

Según varias investigaciones, estas reacciones nerviosas no son un comportamiento exclusivo del hombre, sino que también se presentan en diversos animales y resultan muy comunes en los mamíferos.

La psicóloga Christine Harris, de la Universidad de California, determinó experimentalmente que las axilas son las partes del cuerpo más sensibles, seguidas por la cintura, las costillas, los pies y las rodillas, en orden decreciente.

Sin embargo, la historia recoge episodios en los cuales las cosquillas no se utilizaban con fines lúdicos, sino como arma de fetiche o tortura; de ahí que los romanos empleaban grandes tablas de madera para sujetar a los prisioneros por los tobillos; mientras en la Edad Media, resultaron un castigo eficaz para la realeza.

Cuando una persona las provoca a otra, las terminaciones excitables de la piel envían impulsos eléctricos al sistema nervioso central; no obstante, el ser humano es incapaz de autoinfligirse ese estímulo externo.

Especialistas de la Universidad de Londres aseguran que el cerebelo puede predecir las sensaciones de los propios movimientos, pero no cuando los hace otro individuo.

Por eso, cuando alguien intenta hacerse cosquillas a sí mismo, la información llega a esta área y cancela la respuesta de otras regiones del cerebro.

Unos 60 segundos de risa ejercitan más de 400 músculos, acción equivalente a 45 minutos de relajación; sin embargo, el cosquilleo debe ser suave para resultar placentero, pues -cuando dura demasiado tiempo o su intensidad es excesiva- resulta incómodo y hasta puede provocar asfixias e infartos.

Entonces, las cosquillas deberán constituir siempre herramienta útil para liberar al organismo de tristezas y energías negativas, además de lubricar y limpiar los ojos con lágrimas, eliminar toxinas y amortiguar el cansancio mediante una buena carcajada.

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