Tras la huella (+ fotos)

Publicado: 14 julio, 2015 en Cuba, Sociedad
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sancti spiritus, pnr, ministerio del interior, robos, justicia, delitos

por Redacción Escambray

Luego de 15 hechos delictivos que desde inicios de año han mantenido en vilo la cabecera espirituana, el pasado 29 y 30 de junio fueron detenidos los principales autores. 

“Tranquila o te mato al niño”, le gritaron otra vez en medio de uno de los tantos raptos de desesperación. Eso fue mucho después. Antes, cuando se tropezó de golpe con la luz de la linterna encandilándole los ojos, Diana Carmona Peláez supo que el insistente ruido de cristales rotos no era un sueño. “Estate tranquila”, le advirtió aquella voz desconocida que la hizo volver a entrar al cuarto, prender la lámpara de noche y despertar a Herman Frauenschuh, su esposo, para confirmarle lo que ya presentía: “Ladrones”, le dijo.

Pero antes de poner un pie en la Casa del Espagueti, como se nombra el paladar particular que el matrimonio tiene allá en la antigua carretera de El Jíbaro y donde viven con su hijo de seis años, aquellos hombres ya habían degollado los perros y hasta roto los sensores para poder ir entrando de uno en uno con el mayor sigilo. Eran, aproximadamente, las tres y treinta de la madrugada del pasado domingo 17 de mayo.

Los bienes recuperados son devueltos a sus legítimos propietarios. Foto Escambray.Apenas unos muchachos, a juzgar por el dejo en la voz, por la complexión y hasta por el brillo temerario de los ojos; lo demás eran camisas de mangas largas, unas manos enguantadas, los pulóveres de colores que le encapuchaban el rostro y el brillo de los cuchillos desafiando hasta el aire.

“Entre dos aguantaron a mi esposo y le pusieron un cuchillo en el cuello —narra Diana ahora que el robo es ya una historia para contar—. El niño dormía en ese momento, pero parece que el  instinto me dio por irle para arriba a uno de ellos a darle patadas, golpes y entonces mandó a que otro cogiera al niño y le pusiera el cuchillo en el cuello. Fue cuando le arrebaté al niño y le quité la máscara”.

— ¿Y ahora qué hago?— preguntó el hombre con el rostro descubierto.

—Sal pa’ afuera— le gritó otro.

—Si tú me acusas con la policía ahora, yo sé dónde tú vives, yo vengo y te mato al niño— fue la última amenaza que le hizo a Diana antes de salir.

“Yo me pongo al niño entre los brazos —recuerda Diana— y por la parte de atrás, como había escondido el teléfono debajo de la cama, intento llamar a la policía y cuando él me vio me empujó, me tapó la boca, me quitó el teléfono y me lo partió en dos con mucho genio, mucha agresividad y me volvió a decir: ‘Si no te estás tranquila te voy a matar al niño’”.

El reloj quizás marcaba que había pasado una sola hora desde que invadieron la casa; pero adentro había transcurrido todo un siglo. Ya su esposo le había dicho que el dinero que buscaban estaba en el banco, le había dado aquella caja con el efectivo que tenían en casa y hasta se había resistido lapidariamente a la orden de voltearse para que los ataran: “Amarrarnos no, mátennos”, dijo en un casi perfecto español Herman, nativo alemán pero residente en Cuba hace más de cinco años.

El niño dormía en ese momento, asegura Diana.No saben si fue por esa determinación o porque ya tenían consigo las joyas, las computadoras, los celulares, los zapatos, la ropa del pequeño… que al fin se les escuchó decir: “Nos vamos, pero ni nos caigan atrás ni llamen a la policía”.

“Cuando mi esposo se levanta —cuenta Diana— había uno en la puerta velando y cuando la cierran, Herman mira por una ventana y vio que iban saliendo. Entonces para no ir por el mismo camino que ellos, cogimos por otro que va a la casa de mi mamá, la desperté y le dije: dale, corre, llama a la policía que los ladrones se van”.

CASO ROTONDA

— ¡Cógelo, Negro, cógelo!— azuzó por la ventana a los perros Marta Lidia Salas Meneses al amanecer del lunes 29 de junio pasado ante el barullo incontenible de los animales. Y se volvió a dormir a pierna suelta, como siempre, en su casa de La Rotonda espirituana, aledaña al paladar El ranchón criollo, que administran ella y su esposo Héctor Armando Ruiz López.

No sintió nada más hasta el instante aquel en que la despertaron la luz del cuarto y los cuchillos apuntando a su cabeza y a la de Héctor y la amenaza acuchillando también: “Si se mueven los matamos”. Y los gritos de Marta rasgando la noche y los golpes de los agresores sobre ella; y las patadas de Héctor y el piquetazo, luego, cortándole el calcañal.

Fueron los primeros sobresaltos. Después les sobrevino el mosquitero encima, hecho pedazos; la sobrecama tirada sobre los ojos para que no vieran el revoltijo de las gavetas. Antes, lo único que pudieron ver fue que eran cuatro hombres arropados de pies a cabeza, únicamente con la hendija de los ojos al descubierto.

Marta rememora los hechos.“Nos dijeron: ‘No les vamos a meter nada en la boca, los vamos a amarrar nada más’ —rememora Marta— y lo hicieron con una cinta de antena de televisor, a mí me amarraron las manos juntas y a él lo amarraron a la parte de atrás de la cama”.

Para ese entonces ya habían picado el teléfono de la casa, habían tomado el dinero del pago a los trabajadores del paladar, habían roto la alcancía de la nieta de Marta y Héctor, habían cogido las prendas todas y los celulares, cortado el chucho de arranque de la máquina, guardado el televisor pantalla plana…

“Cuando pensamos que se habían ido gritamos: ¿Ya se fueron? —dice Héctor—. Marta se desamarró y me desamarró a mí. Salimos para la carretera y con el celular de un compañero, que estaba ahí enfrente esperando un carro, llamamos a la policía”.

Dicen que solo pasaron unos minutos antes de que la patrulla acudiera al lugar de los hechos. Entonces, cuando los perros aún no olfateaban hasta el hueco abierto en la cerca trasera ni levantaban las primeras huellas, Marta atinó a decir: “Mire, compañero, tienen un acento oriental, llevan un televisor Panda y una jaba grande con una Barbie”.

LA CAPTURA

Sería la última de las tantas denuncias que desde inicios de año mantenían en vilo no solo al puesto de mando de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). Siempre el mismo modus operandi: los pulóveres, y hasta tiras, camuflándoles los rostros; camisas de mangas largas; las armas blancas para intimidar; las mordazas y los amarres y las amenazas; el saqueo…

Y solo una información: cuatro ciudadanos con varios equipajes y bultos y con un inconfundible acento oriental. Bastó entonces la alerta para desencadenar el operativo que conllevaría al registro, en el punto de control de El Majá, en Taguasco, de la yutong que viajaba desde La Habana con destino a Holguín. A las cuatro y treinta de la madrugada, del lunes 29 de junio, eran detenidos César Julio Martínez Figueredo, Yoannys Escriba Márquez y Luis Miguel Chacón Salcedo, porque Yordan Torres González —que horas antes también había participado en el robo del paladar de La Rotonda— logró darse a la fuga.

Mas, según el mayor Yoel Castañeda Puerto, primer instructor de la Unidad Provincial de Investigaciones, antes de que Yordan llegara a Las Tunas —provincia de residencia de los cuatro jóvenes—, ya las fuerzas del Ministerio del Interior estaban aguardándolo. El 30 de junio, en la vivienda de un vínculo suyo en El rincón, Majibacoa, en la oriental provincia tunera, finalmente era detenido.

“Son ciudadanos entre 20 y 30 años de edad, algunos de ellos con varios antecedentes penales —señala Castañeda Puerto—. Como parte de las acciones investigativas realizadas, se ha demostrado su participación en 15 hechos: seis robos con violencia, siete robos con fuerza y dos hurtos y sacrificios ilegales de ganado mayor, todos cometidos y denunciados en la ciudad de Sancti Spíritus en lo que va de año. Actualmente se mantienen en la Unidad Provincial de Investigaciones Criminales y Operaciones con la medida cautelar de prisión provisional”.

Dinero en efectivo, equipos electrodomésticos, computadoras, celulares, prendas de vestir, joyas… eran, por lo general, la conquista que luego comercializaban. Pero en Sancti Spíritus no estaban solos.

“Nosotros ya tenemos dos ciudadanos residentes en el municipio cabecera que les daban hospedaje en su casa y eran los que les señalaban los puntos para cometer los hechos delictivos —revelaba el teniente coronel Rolando Rodríguez Carmenate, jefe del Sistema de Investigación Criminal y Operaciones—. Esos ciudadanos ya son confesos, se encuentran en prisión provisional y sujetos a un proceso penal. Hoy se hallan equipos de trabajo en Las Tunas y en Santiago de Cuba, donde se están recuperando otros bienes, pues de estos hechos que se están esclareciendo ya en todos los casos tenemos bienes recuperados que serán devueltos a sus legítimos propietarios”.

El miércoles pasado, cuando se escucharon estas revelaciones y las patrullas volvieron a apostarse delante de aquella vivienda de La Rotonda y luego en la Casa del Espagueti, no había ya perros olfateando por todos lados ni técnica pericial alguna, solo una mesa llena de anillos, colchas, laptops…, hasta dinero.

Y los vecinos, esta vez de testigos de tantas hazañas, de aprensiones, de agradecimientos y de testimonios vueltos a contar con idénticas peripecias a las vividas aquellas noches en que despertaron con la zozobra y las puertas abiertas.

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