La hora de Nuestra América

Publicado: 29 septiembre, 2015 en Internacional, Opinión, Política, Sociedad
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por : José Armando Fernández Salazar

América Latina es la región de mayores desigualdades económicas y sociales. Su historia ha sido marcada por una colonización europea sangrienta, el despojo de sus recursos naturales y, en lo político, la reticencia de dictaduras militares y caudillismos.

Durante siglos fue el traspatio de los Estados Unidos y su rol en la arena internacional se limitaba a secundar las iniciativas de las grandes potencias. Sin embargo, el ascenso al poder de movimientos y partidos de izquierda, el auge de la vocación integracionista (por ejemplo la creación de la CELAC) y cierta estabilidad económica le han permitido ganar protagonismo en la historia actual del mundo.

Así ha quedado confirmado en la sesión 70 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Varios líderes del subcontinente llegaron al podio con discursos que se alejaron de la retórica diplomática y describieron tajantemente la situación actual, sus causas, responsables y probables soluciones.

Entre las intervenciones más esperadas y de mayor repercusión estuvo la del presidente cubano General de Ejército Raúl Castro. El mundo celebró el restablecimiento de las relaciones oficiales entre la Isla caribeña y los Estados Unidos como la posibilidad de crear espacios de diálogo para la solución de conflictos, uno de los principales objetivos de la ONU, surgida cuando todavía eran muy recientes las heridas de la Segunda Guerra Mundial.

El discurso del mandatario cubano se refirió a este histórico suceso, sin embargo puso sobre la mesa otros temas de interés para la región y el planeta. Sus palabras, enfoques y propuestas fueron avalados por los resultados de un país que a pesar de estar bloqueado comercial y financieramente por la mayor potencia del mundo, fue el único que cumplió con los objetivos del milenio propuestos en la propia ONU.

Fundamentales fueron también las intervenciones del presidente de Ecuador Rafael Correa, profundamente filosófica; la de Evo Morales, dignatario del Estado Plurinacional de Bolivia, cuyo fuerte acento aimara y la defensa de la Pachamama, fue un acto de justicia histórica con los pueblos indígenas. Cristina Fernández, jefa de gobierno de Argentina, atacó las causas de la crisis económica mundial, pero desde la experiencia de una nación que en este mismo siglo vivió una de las mayores tragedias económicas y sociales por asumir acríticamente las recetas neoliberales.

En la ONU la voz latinoamericana también se hizo escuchar en el discurso del Papa Francisco, el primer sucesor de Pedro de este lado del Atlántico, quien ha devenido una figura internacional de gran prestigio por su defensa de los más pobres y sus llamados a detener la idolatría del dinero.

Los representantes del continente abordaron las grandes problemáticas mundiales pero desde una perspectiva autóctona. Se denunció la falta de voluntad política para la adaptación al cambio climático, sobre todo porque este es un fenómeno asociado al consumismo que prevalece en los países desarrollados, pero cuyo mayor impacto se registra en los subdesarrollados.

El fenómeno de la migración es una tragedia que golpea al subcontinente, pero en ocasiones es ajena a los grandes medios. La región propone un enfoque social y geopolítico de esta situación y exige no criminalizar a los inmigrantes. Igualmente señalaron que la lucha contra el narcotráfico no puede ser asumida desde políticas basadas en la violencia, sino en la eliminación de las causas del fenómeno asociado a la pobreza y la alta demanda de los países receptores de estupefacientes.

La propia estructura de la ONU fue cuestionada por los líderes latinoamericanos, quienes coinciden en la necesidad de democratizar el organismo internacional a partir de un enfoque más pluralista.

La región expuso temas pendientes en su agenda política como la situación de las Islas Malvinas, reclamadas a Gran Bretaña por Argentina, la salida al mar de Bolivia a través de Chile, el proceso de paz en Colombia, el golpe suave que se pretende dar en Venezuela y Ecuador y la reclamación de este último país por la barbarie ecológica en la amazonía provocada por Chevron. En cada uno de estos casos se celebró que la solución encuentra su cauce por la vía del diálogo y el respeto a las normas del derecho internacional.

Es esta una región declarada como zona de paz, pero también necesitada de encontrar su propia vía de desarrollo a partir de la sostenibilidad y la adhesión a los derechos humanos.

Si la caída el modelo socialista europeo y soviético para muchos fue una prueba del fin de la Historia, y el comienzo de una era de unipolaridad y desafueros neoliberales; el protagonismo que ha ganado la región en la arena internacional y su ímpetu económico, político y social, son una evidencia de que hay un nuevo punto de giro en el drama del devenir humano, y que esta vez tendrá como escenario a las repúblicas al sur del Río Bravo… nuestra América.

 

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