¡Diana Fuentes sorprendió!

Publicado: 7 octubre, 2015 en Cuba, Cultura, Entretenimientos, Internacional, Sociedad, Variada
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 ¡Diana Fuentes sorprendió!

por: Ana María Domínguez Cruz

Como una de las voces primordiales de la canción cubana contemporánea… Así la presentó el maestro Leo Brower a los que, acomodados en butacas o en las escaleras laterales o frente a las grandes pantallas en el jardín, nos dimos cita en el edificio de Arte Cubano del Museo de Bellas Artes.

Y Diana Fuentes irrumpió en escena, vestida con transparencias negras y descalza, sin accesorios que le sobrecargaran su imagen sencilla, noble y al mismo tiempo, atrevida. Su esposo Eduardo Cabra, productor musical y uno de los líderes del dúo boricua Calle 13, la acompañó en silencio desde los efectos sonoros, y la primera canción que echó a volar de su garganta, arrancó aplausos y adelantó lo que sería este concierto, concebido en el intenso programa del Festival Les voix humaines, y uno más de los que la cantante y compositora ha ofrecido para promocionar su segundo álbum Planeta Planetario.

Se sumaron sus amigos: Ruly Herrera, en la batería; Jorge Luis Lagarza, en los teclados; Ian Cruz, en el bajo; en el saxofón y en la trompeta y su hermano Frank David Fuentes, en la percusión.

Escuchamos Será sol, y Luna de vino tinto en versiones mágicas que le hiciera a los temas de Carlos Varela… su canción de amor a las circunstancias, Planeta planetario, el tema dedicado de manera especial a su abuela Aurora, Asuntos de inversión, Mad at me, de su primer disco, Cómo hago, pidiéndole coros al público. Y la vimos bailar una rumba desenfrenada, “tanto aprendí con Síntesis”, en el tema Los caminos, en el que su hermano sorprendió con un solo extraordinario.

“Los teatros amedrentan, y tal vez por eso ustedes están sentados. Relájense, siéntanse libres, canten conmigo, bailen, acompáñenme, y disfruten de lo que tanto yo disfruto hacer”. Y la invitación no tuvo resistencia, porque la vibración que se compartía en la sala perfecta de Bellas Artes era unánime, y la que se respiraba en las afueras, en el jardín central, entre los que no cupieron entre cuatro paredes, pero que aun así no se fueron, no dejaba margen a la quietud.

No faltaron quienes afirmaron que su segundo disco tenía marcadas influencias de la sonoridad de Calle 13, por su vínculo personal con uno de sus integrantes, quien además resultó ser su productor. Algunos encontraron puntos de contacto en la conga De Oriente a Occidente, y se apresuraron a decir que esa no es la verdadera Diana Fuentes.

Y puede que sí nos acostumbró luego de Amargo, pero dulce, su primer fonograma, a una voz de balada, a una canción pausada, suave y sentida, aunque con atrevimientos en algunos tracks. Pero Planeta Planetario no es más que el reflejo de su madurez como artista, del resultado de sus inquietudes musicales a flor de piel, y sobre todo del interés por demostrar que los encasillamientos son peligrosos, y mucho más teniendo las potencialidades vocales que se desbordaban de la escena.

La ligereza de los criterios no puede negar lo que se ve. Si el pasado domingo no hubiera estado en el escenario la verdadera Diana Fuentes, el disfrute no hubiera sido genuino, los aplausos no hubieran sido espontáneos y la invitación de Leo Brower a este festival hubiera sido un chasco. Dudo que el maestro se equivoque, y quien no pudo comprobarlo en esta ocasión, como pude hacerlo yo (no fui la excepción) Diana Fuentes le espera el próximo 12 de diciembre en la capital, en otro concierto, tal vez más sorprendente.

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