El proyecto de desarrollo de la energía nuclear de Irán, visto por las potencias occidentales. Realidad o pretexto para una guerra.

Publicado: 31 mayo, 2016 en Internacional, iran, Opinión, Política, Rusia, Tecnología, Uncategorized, USA
Etiquetas:, , ,

por Julián Vera

irán tio sam

Irán comenzó su programa nuclear en los años 50 con el apoyo de países occidentales y, en 1958, se unió al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la ONU. En los años 1960, todavía bajo el reinado del Sah Mohamad Rezá Pahlaví, Irán ratificó el Acuerdo sobre No Proliferación de Armas Nucleares y, posteriormente, firmó una ampliación del documento que suponía que el OIEA tenía derecho a inspeccionar las instalaciones nucleares iraníes.

A partir del año 2003 Irán emprende un programa de investigación y desarrollo de energía nuclear comenzando con la construcción de varias instalaciones para el enriquecimiento de uranio, mediante el asesoramiento ruso.

El programa nuclear de la República Islámica de Irán supuso, desde su inicio, una reafirmación concreta del cambio de correlación de fuerzas en el Medio Oriente. Si bien históricamente el país persa ha sido una potencia regional y rival de otros estados vecinos como Arabia Saudita e Israel, la mera posibilidad de acceder a armamento atómico a partir del desarrollo de su tecnología, hizo saltar las alarmas a las potencias occidentales principalmente Estados Unidos de América y la Unión Europea.

El uso con fines pacíficos de la energía nuclear es controlado por el OIEA y los Tratados de No Proliferación de Armas Nucleares dirigidos a mantener un mundo más seguro; sin embargo resulta obvia la impunidad con que Israel acumula decenas de bombas nucleares, bajo la protección incuestionable de EE.UU. en el Consejo de Seguridad de la ONU. Precisamente, el referido estado sionista, ha sido el principal fustigador del programa nuclear persa. Su Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, no escatimó tribuna alguna para calumniar y presentar falsos argumentos contra Irán, ya sea ante la Asamblea General de la ONU o el Congreso estadounidense, con el fin de manipular la opinión pública internacional a favor de sus intereses geopolíticos.

Por otra parte, es necesario destacar que Tel Aviv no ha escatimado nunca el empleo de la violencia para alcanzar sus propósitos. Claros ejemplos que evidencian el planteamiento anterior son: el asesinato del científico nuclear iraní y profesor universitario Mustafá Ahmadi Roshan, el 11 de enero de 2012, al explotar una bomba adosada a su coche a manos del Mossad; así como el bombardeo por parte de aviones de combate israelíes a una planta de energía nuclear iraní.

En el 2006, alcanzó su punto álgido el conflicto nuclear entre Irán y las potencias occidentales; el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que exigía a Irán la suspensión de las actividades de enriquecimiento de uranio, dándole un mes de plazo. A lo que Teherán respondió con la instalación de una nueva y segunda cascada de centrifugadoras. Fue entonces que finalmente el Consejo de Seguridad aprueba la resolución 1737 que imponía la primera ronda de sanciones (RTVE, 2016).

Si bien el principal pretexto de las sanciones, era la acusación de Washington sobre Teherán de estar intentando crear armas nucleares, no es hasta noviembre del 2011 que por primera vez el OIEA hace público un informe donde asegura que Irán está en capacidad de desarrollar armas nucleares a partir de la cantidad de uranio enriquecido que poseía.

Por casi 6 años, el debate sobre el tema nuclear iraní estuvo plagado de acciones por ambas partes que solo contribuyeron a una mayor escalada del conflicto. Por una parte declaraciones del gobierno persa sobre la ampliación cada vez más de su capacidad de enriquecimiento de uranio con fines pacíficos, en total concordancia con su derecho a la autodeterminación. Por el otro lado, las potencias occidentales a través del Consejo de Seguridad utilizaron la posible amenaza nuclear para recrudecer el bloqueo económico e intentar asfixiar la economía de Teherán. Inevitablemente la situación llegó a un estado preocupante para la comunidad internacional. El peligro de un ataque militar contra la República Islámica se hacía cada vez más latente ante la posibilidad de una nueva conflagración bélica a escala mundial, pero esta vez bajo la agravante radioactiva.

Varios países emergentes como Brasil y la India se pronunciaron en contra de un aumento de las tensiones y a favor de la búsqueda de una solución pacífica al conflicto. Las demostraciones de fuerzas por ambos bandos se sucedieron una tras otra. Ante la retórica de las potencias occidentales con un marcado carácter belicista los líderes de la República Islámica nunca cejaron en defender su derecho a la investigación nuclear. Además, luego de las ‘’guerras preventivas’’ en Afganistán, Irak y Libia promovidas por EE.UU. y llevadas a cabo por la OTAN, los líderes iraníes dejaron bien claro su plena disposición a defenderse. Por supuesto, ya para aquel entonces resultaba evidente el empleo de las amenazas globales fabricadas para justificar intervenciones militares a partir de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Durante el año 2013 la Unión Europea y EE.UU. impusieron varias rondas de sanciones económicas a Teherán, con el objetivo de paralizar su sector petrolero y aislar al país persa del sistema financiero internacional. A partir de entonces, Irán tuvo muchas limitaciones para exportar sus recursos más importantes, el petróleo y gas; además, no recibía inversiones, con lo cual no podía adquirir tecnología punta. El país calcula que solo entre 2012 y 2015 perdió alrededor de 100.000 millones de dólares. Con el interés fundamental de eliminar las sanciones económicas y mantener un limitado desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos el nuevo presidente iraní Hasan Rohani decide comenzar en secreto unas negociaciones promovidas por Moscú con el grupo 5 + 1 (EE.UU., Francia, Gran Bretaña; China, Rusia y Alemania) (Firouz, 2016).

Pero en la geopolítica no se trata solo de buena voluntad. La presencia de Rusia en la mesa de negociaciones le permitió concretar más rápidamente importantes negocios, necesarios para suplir la baja de ingresos con la caída del precio del petróleo. El papel de Rusia como mediador en el conflicto nuclear estuvo marcado por la constante solicitud al diálogo y a las soluciones pacíficas al diferendo entre Irán y las potencias occidentales.

En noviembre de 2014, la corporación estatal nuclear Rosatom anunció un acuerdo para la construcción de dos nuevos reactores para Bushher y la posibilidad de otros seis en los próximos años, bajo observación de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. También, Rusia suplirá el combustible nuclear para la planta y lo reciclará, siguiendo el mecanismo acordado con la comunidad internacional para evitar que Irán cuente con los elementos para construir armas atómicas.

Luego de casi 3 años de difíciles negociaciones, el 14 de julio de 2015, las potencias occidentales e Irán alcanzan un acuerdo histórico que prevé la supervisión del programa nuclear iraní para evitar que fabrique bombas atómicas a cambio de levantar progresivamente las sanciones que pesan sobre el país asiático. El 16 de enero de 2016, EE.UU., la ONU y la UE levantan las sanciones a Irán y entra en vigor el acuerdo nuclear. Irán podrá vender libremente gas y petróleo a mercados internacionales, no obstante, continuará el embargo de armas entre cinco y ocho años. De esta forma, Irán y las grandes potencias mundiales han logrado un acuerdo que pone fin a 13 años de litigio sobre el programa nuclear de la República Islámica, que defiende su carácter pacífico frente a las sospechas internacionales de que tiene fines militares (Bassets, 2015).

La historia del proyecto de desarrollo de la energía nuclear de Irán, visto por las potencias occidentales, es única en el contexto de las actuales relaciones internacionales; teniendo en cuenta sus puntos críticos, implicaciones políticas y desenlace inesperado. Para unos, el acuerdo final alcanzado es un triunfo de la alta diplomacia. Para otros, una oportunidad seguir siendo dueños de su destino. Para unos pocos, realidad indeseada y distante de sus afanes geopolíticos de utilizarla como pretexto para una guerra.

instalaciones nucleares iran

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s