Evolución del socialismo en La República Popular China (Parte 1)

Por Cubaonline.

Al finalizar la segunda guerra mundial China se encontraba desbastada, afectada por las inserciones de países enemigos en su territorio, ejércitos que saquearon y destruyeron la superestructura de las principales ciudades a su paso. China se identificaba por la existencia de rasgos feudales, semicoloniales, con escaso o relativo bajo desarrollo, caracterizándose por el bajo nivel educativo y la monoproducción agrícola siendo el campesinado el sector mayoritario. En esta etapa la República se encontraba liderada por el General Chiang Kai-Shek del Kuomintang, período de gobierno que agudizó los rasgos coloniales y monárquicos de las largas dinastías que transitaron por el poder en el país.

Tras concluir la Guerra Civil China (1946-1949) entre nacionalistas y comunistas, se instauró la República Popular de China (RPC) después de la victoria del Partido Comunista Chino (PCCh) bajo la tutela de Mao Zedong. Dicha victoria provocó la retirada del Kuomintang a la isla de Taiwán y al mismo tiempo la inclusión de la China continental en el bloque comunista erigido por la Unión Soviética (URSS), bajo la latente Guerra Fría.

En el contexto histórico de esa época fue claramente innovador que en el caso de la RPC, caracterizada por la existencia de rasgos feudales, coloniales y subdesarrollados, se proclamara el rumbo socialista bajo el liderazgo del PCCh, para regir las tareas que antes debió resolver la revolución burguesa. El papel de la burguesía nacional y la hegemonía del proletariado la asumió la ideología de un partido comunista.

La revolución social llevada a cabo por Mao como dirigente del PCCh posee características propias que la diferencian de la revolución bolchevique, y que hoy se ven reflejadas en aquellos elementos que distinguen al socialismo chino. En el caso de China el motor impulsor de la transacción al socialismo no podía ser la clase obrera ya que quien constituía la mayoría de la sociedad era el campesinado, un sector que no poseía ni la educación ni el nivel cultural que normalmente si presenta el proletariado.

En el contexto chino los obreros eran muy pocos, menos del 1%. Era un país de campesinos con alrededor del 95% de la población y además las zonas industriales estaban todas localizadas en el Oriente, alrededor de Shangai. Por lo tanto, ni por número de obreros ni por extensión territorial de la industria podía esperarse un gran efecto en el país, muchos menos una revolución socialista impulsada por el proletariado.

Mao conocía esta situación y comprendió que los campesinos chinos estaban en condiciones semejantes a los obreros de Moscú en 1918. Mao, durante la guerra civil china, tuvo que aglomerar este sector social para crear un frente conjunto que mediante la fuerza y la práctica del marxismo pudiera adoptar un programa capaz de desplazar al sistema de dominación colonial del Kuomintang. Ya desde esa época se empezaba a ver que la transición al socialismo en este país poseía particularidades que la diferenciaban del ejemplo soviético.

Ya alcanzado el poder, el PCCh dispuso a reestructurar el sistema nacional en consonancia no solo con la doctrina socialista de Marx y Engels, sino con la fusión de la doctrina marxista y la ideas del gran pensador chino Confucio, el cual juega un papel fundamental en el tradicionalismo chino. Está unión Marxismo-Confusionismo conllevó a que el nacimiento de esta nueva ideología adoptara particularidades propias que impregnaban las tradiciones y costumbres del país en el nuevo sistema, incluso en la forma de ejercer la gobernanza.

En años posteriores surgió otro hecho que marcaría el curso del socialismo dentro de la RPC (La Gran Revolución Cultural Proletaria de 1966 a 1976). Esta se encontraba dirigida contra las ideas capitalistas que fomentaban algunos intelectuales y miembros del PCCh. Mao promovió este movimiento de masas para combatir aquellas ideas que eran contrarias a la ideología del partido comunista, que pudieran conllevar a la adopción de medidas sociales y económicas que separaran a China del camino hacia el socialismo.

A pesar de que este movimiento se pudiera caracterizar de necesario, en el contexto de esa época, trajo consigo experiencias negativas a razón de la posición radical que asumieron algunos participantes del mismo, ante cualquiera que propusiera reformas distintas de las que concebían los integrantes de la revolución cultural.

Una de las principales faltas cometidas en este período de gobierno fue la promoción al culto de la personalidad, que como bien comprendió el Comandante en Jefe era un elemento dañino para la conformación del socialismo ya que la devoción de la sociedad se centraba en su líder y no en el sistema. El sistema es el elemento transformador en el que debían confiar y a la vez sustentar todos los entes sociales.

En años posteriores China tuvo que enfrentar otras adversidades en la construcción del socialismo, como fue el caso de las discrepancias entre Moscú y Pekín que empezaron a erosionar la alianza entre Mao y Stalin a principios de los años 50, pues las concepciones ideológicas Khruschev y Mao diferían sustancialmente. Las crecientes y alarmantes desavenencias entre la URSS y la RPC no eran los únicos problemas, también China había estado en guerra durante los años 50 y 60 con buena parte de sus países vecinos, algunos de esos enfrentamientos originados principalmente por litigios fronterizos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s