Sotomayor: «Cuando alguien salte 2,50, yo ya no estaré en este mundo»

Publicado: 9 junio, 2015 en Deportes, Internacional
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por  Dani Hidalgo/as
Javier Sotomayor batió el récord mundial de salto de altura (2,45) el 27 de julio de 1993 en Salamanca. Más de 20 años después, nadie se ha elevado tanto sobre el listón como él.

—En la entrada de su casa usted tiene una barra alzada exactamente a 2,45 metros…

—No fue una idea esporádica. Se me ocurrió cuando vi la barra en la entrada del Museo Olímpico de Lausana. Y me pregunté, ¿por qué no iba a ponerla yo también en mi casa? Es algo que llama la atención de todas mis visitas. Cuando aún competía, veía la barra en la entrada como algo normal… Ahora la veo como todos… alta. (Risas).

—Para usted, ¿qué significa ser cubano?

—Me tocó nacer aquí y he tratado siempre de representar a mi país dignamente. Primero lo hice como atleta cuando estaba en activo. Y ya jubilado he podido viajar por todo el mundo para transmitir mis experiencias como atleta cubano. Me toca hablar de cómo fui un gran campeón y en esa explicación no puedo dejar de mencionar a Cuba. Nuestro sistema de enseñanza y el seguimiento que tiene por parte del gobierno es una gran ayuda. Aquí hemos tenido a muchísimos grandes atletas. Para ser un país pequeño, bloqueado, económicamente no dentro de los mejores del mundo… Tenemos 200 medallas olímpicas. No está nada mal.

—¿Qué opina de los casos de Niurka Montalvo y Joan Lino?

—No han sido los primeros ni serán los últimos. Siempre respeto la decisión que toma cada cual. Sé que la mayoría de atletas que han tomado esa decisión lo han hecho por cuestiones económicas y otros para subir su nivel profesional. Estamos cambiando esa visualización que teníamos antes de deporte amateur, aunque sigamos siendo amateur. Nos estamos insertando en lo profesional. Ahora hay muchos atletas nuestros que están siendo contratados por clubes internacionales. Hay baloncestistas, jugadores de voleibol, de béisbol… Eso va a ayudar a que sean menos los que tomen la decisión de Niurka, Joan Lino y otros tantos.

—¿Cuánto ayudaría a Cuba tener un presupuesto más alto?

—Con una gran economía podría volver a hacer lo de Barcelona 1992. En aquellos Juegos fuimos quintos en el podio de países. Aquí, todo el deporte se mantiene con menos dinero que la federación de atletismo en España, por poner un ejemplo. Y aun así seguimos teniendo buenos resultados. Ahora, imagínate que el presupuesto del atletismo en Cuba sea como el de España u otro país. Estaría muy, muy, pero que muy por encima de lo que está ahora. Tenemos mucha carencia en cuanto a material deportivo. Nuestras instalaciones no son las mejores… Son cosas que nos ponen en desventaja a la hora de enfrentarnos a otros atletas.

—Si le hablo de Salamanca…

—¡Salamanca! ¡El 2,45! Una semana antes, pude hacer el récord mundial en Londres. Ahí salté 2,40 y me sentía tan bien ese día como en el de Salamanca. Pero luego llegó la lluvia… Y era muy malo saltando con lluvia. Ahora me alegro de que haya sido así, porque pude hacer el récord en el mismo sitio donde salté 2,43 años antes. Hice un 2,44 en Puerto Rico. Pero Salamanca es mi orgullo.

—Se enfrentó a varios obstáculos en su carrera… ¿Podría haber hecho más de 2,45?

—Empecé con 14 años con un entrenador, José Godoy… Cuando cumplí los 21, falleció. En esos siete años que estuvimos juntos, mejoraba marcas casi mensualmente. Empecé con él saltando dos metros… y terminé en 2,44. Le quise como un entrenador y como a un padre. Fue el que me llevó de Matanzas a La Habana. En 1990 me tocó otro entrenador. Todos tienen un sistema diferente y me tocó adaptarme al nuevo. Y luego tardé cuatro en mejorar apenas un centímetro. También tuve lesiones. Pero si hubiera conservado a mi entrenador original hasta 1992, el año que él tenía pensado jubilarse, podría haber saltado 2,46 o 2,47.

—Ahora la altura está a gran nivel con Barshim y Bondarenko. ¿Cuál es el límite humano?

—Como saltador, no veo posible hacer 2,50. El 2,46 lo intenté en varias ocasiones y estuve muy cerca. Hay saltadores actuales que lo están rozando. Luego están las mejoras científicas en el deporte. Las instalaciones son cada vez mejores, los calzados y las técnicas también. Pero por mucha mejora, cuando llegue el momento en el que alguien salte 2,50, yo ya no estaré en la faz de esta tierra. El 2,46 y 2,47 sí lo veo al alcance de alguien, pero 2,50, ni en mis sueños.

—En 1993, usted ganó el Príncipe de Asturias. Otro lazo más que tiene con España…

—Son tantos… Empecé a ir a España en el 84. Entrené varias temporadas ahí y me sirvió como trampolín para mejorar mis marcas. En España también logré mis resultados más grandes: mis dos récords mundiales, ser campeón olímpico, un campeonato mundial… Aquel reconocimiento marcó mi vida. Digo esto porque a raíz de ese premio se creó mi mote en Cuba: Príncipe de las alturas.

—¿Qué le pareció la visita del New York Cosmos de fútbol?

—Es algo que fomenta la relación entre Cuba y EE.UU. Últimamente, han estado aquí cantautores estadounidenses, senadores, científicos, jugadores NBA, gente de la Iglesia… Es bueno que empiecen a viajar más americanos a Cuba y viceversa. Hay tantas cosas que necesitamos como cubanos… Se habla del cese del bloqueo, se quitó a Cuba de la lista de «países que patrocinan terrorismo». Esta relación, desde un punto de vista político y humano, es muy beneficiosa para ambos bandos.

 

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